Se trata de un clásico que inventó Coco Chanel en la década de 1920 y que, todavía hoy en día, es un imprescindible en cualquier armario cápsula.

Décadas después de que los vestidos negros fueran tendencia, siguen siendo un imprescindible en el armario de las amantes de la moda. Y motivos no faltan. El popularmente conocido como ‘little black dress’ es todo un icono, representativo de la historia de la moda y su evolución. Consolidado ya como una prenda atemporal, ha sido reinterpretado y actualizado en numerosas ocasiones, adaptándose a los cambios sociales y, al mismo tiempo, manteniendo su esencia como símbolo de elegancia.
Para conocer la historia de este vestido hay que remontarse a 1920, cuando Coco Chanel lo presentó por primera vez. Este hito, que marcó el inicio de su andadura como firma internacional en el mundo de la moda, hizo que la diseñadora empezase toda una revolución en el vestuario femenino. Hasta entonces, el color negro estaba reservado para momentos como el luto, sin llegar a ser considerado adecuado para la moda diaria. Algo que Chanel cambió por completo, aportándole un nuevo significado. A partir de entonces, este es un sinónimo de estilo. El secreto de su éxito reside en la eliminación de adornos y bordados, creando un diseño que podía ser adaptado a cualquier ocasión y cuerpo. Sin duda, un acto revolucionario que no solo desafió las normas establecidas y que rompió con los convencionalismos sociales de la época.
Ya en 1926, Vogue publicó un boceto de Chanel que mostraba un sencillo vestido negro, de corte recto y sin adornos. Su evolución continuó hasta los años 50 y 60, cuando gracias a actrices como Audrey Hepburn, este vestido llegó a ser un objeto de deseo. Famosa es la imagen de la intérprete al comienzo de Desayuno con diamantes, así como su relación estilística con Hubert de Givenchy. Tras este, muchos otros diseñadores se han atrevido a dar su propia visión sobre el mismo, con nombres como Miuccia Prada o Balenciaga al frente.
En la actualidad el vestido sigue representando la misma elegancia de antaño, gracias a su silueta favorecedora y sofisticada. Este es el caso también del modelo Perla propuesto por Artôla Couture, que lo adapta a las necesidades invernales. Su largo, que se prolonga hasta los pies, es perfecto para la estación más fría del año y mantiene su espíritu original con la falta de decoración en la falda. Algo que, sin embargo, se moderniza en la parte superior, donde añaden unos pequeños brillantes. El diseño, de tirantes y con escote en V, es el claro ejemplo de versatilidad: cuenta con la capacidad de adaptarse a un evento en esta época del año, junto a un abrigo de pelo para evitar las bajas temperaturas, o también apostar por lucirlo sin complementos cuando llegue el entretiempo.
