Hay locales que terminan formando parte de la identidad de un barrio. La Musa Malasaña es uno de ellos. Desde su apertura en 1996, el restaurante ha acompañado la evolución de uno de los barrios con más personalidad de Madrid, convirtiéndose en un punto de encuentro para distintas generaciones. El 31 de octubre, La Musa celebra 30 años de historia, una trayectoria que comenzó con un primer local y que hoy continúa expandiéndose bajo el paraguas de Grupo La Musa.

1996: el comienzo de La Musa en Malasaña
Fundada por Eduardo Basanta, actual CEO de Grupo La Musa, La Musa abrió sus puertas en 1996, en una Malasaña que comenzaba a consolidarse como uno de los principales focos de la vida cultural y social de Madrid. Basanta participó en la reforma del primer local, dando forma a un proyecto que, tres décadas después, mantiene su vínculo con el barrio que lo vio nacer. «En La Musa Malasaña puse el suelo con mis propias manos. Me uní al equipo de obra como uno más y participé en la construcción del local. Todavía hoy hay elementos que recuerdo haber colocado yo mismo. Por eso, treinta años después, seguir viendo La Musa viva, creciendo y formando parte de Madrid es tan especial. Es un proyecto que tiene alma porque hay mucho de nosotros en él», recuerda Eduardo.
El proyecto estuvo marcado por una mirada inquieta y una voluntad de ir más allá de lo establecido. Sus fundadores viajaron para descubrir nuevas propuestas, conocer otras formas de entender la gastronomía y la hostelería e inspirarse en tendencias que todavía no habían llegado a Madrid. Aquella curiosidad se convirtió en una de las señas de identidad de La Musa: traer ideas de fuera, reinterpretarlas y anticiparse a lo que estaba por venir. Lo que comenzó como un restaurante se ha convertido en el origen de un grupo de restauración con varios conceptos y espacios propios en la capital.
Desde aquel primer local en Malasaña, La Musa ha evolucionado hasta convertirse en una marca con presencia en distintos puntos de Madrid, sin perder de vista sus orígenes. Parte de esa continuidad se encuentra en elementos que han acompañado al restaurante desde el principio, como La Bomba, una de sus tapas más emblemáticas, presente en su historia desde 1996. Inspirada en propuestas de las cocinas de bar de Barcelona, La Bomba llegó a Madrid como una forma de acercar a la ciudad referencias gastronómicas que despertaban el interés de sus fundadores. Con el tiempo, aquella apuesta se convirtió en el plato más emblemático de La Musa.
El próximo 31 de octubre, La Musa Malasaña cumple 30 años y, para celebrarlo, recupera durante dos semanas uno de los grandes iconos de aquella época: los míticos porrones. Un regreso puntual a las mesas, pensado para brindar por aquellos años en los que todo estaba por descubrir y en los que ciertas costumbres se convertían en pequeñas revoluciones. Tres décadas después, los porrones vuelven como una invitación a mirar atrás, compartir historias y celebrar todo lo vivido desde aquel primer día en Malasaña.
La Musa Malasaña, parte de algo más.
¡La Musa Malasaña fue el origen de un proyecto que, treinta años después, reúne cinco marcas de restauración en Madrid. Desde sus comienzos, sus fundadores apostaron por mirar más allá, viajar para descubrir nuevas ideas y traer a la ciudad propuestas que entonces resultaban poco habituales. Una curiosidad que sigue presente en la personalidad de sus espacios y en su manera de entender la hostelería.
Hoy, La Musa cuenta con tres establecimientos en Madrid, tras la reciente apertura de su tercer local en Chamberí. Junto a ella, Grupo La Musa reúne Ojalá, con su emblemática arena de playa; Cafetería HD, de estética retro; Limbo, centrado en el fuego y el producto; y Run Run Run, donde gastronomía y bienestar se encuentran. Cinco marcas distintas que comparten una misma inquietud: crear lugares con personalidad, capaces de hacerse un hueco en la vida de la ciudad.
