Del diseño al chocolate: Barceló Benidorm Beach presenta su colaboración con Marcos Tonda
El hotel traslada por primera vez su universo visual al chocolate a través de una colección exclusiva y de edición limitada, que une diseño, sabor y tradición local, creada junto a la histórica firma chocolatera alicantina.
¿Puede el diseño de un hotel convertirse en chocolate? Barceló Benidorm Beach lleva su identidad más allá de sus espacios y la traslada a un formato inesperado de la mano de Chocolates Marcos Tonda. El resultado es una colección exclusiva y de edición limitada de chocolatinas creada especialmente para el hotel, en la que diseño, gastronomía y tradición alicantina se encuentran en una misma pieza.
La colaboración nace con la voluntad de transformar algunos de los códigos más reconocibles de Barceló Benidorm Beach en una experiencia que también pueda saborearse. Para ello, el universo cromático y gráfico de su interiorismo se convierte en el punto de partida de un diseño exclusivo que establece un diálogo entre la estética contemporánea del hotel y la tradición chocolatera de Chocolates Marcos Tonda.

Cuando el interiorismo se convierte en chocolate
Frente al Mediterráneo y en pleno corazón de Benidorm, Barceló Benidorm Beach posee una identidad contemporánea que transmite a través de un interiorismo en el que el color, las geometrías y las referencias al paisaje mediterráneo tienen un papel protagonista.
Ese mismo lenguaje visual llega, por primera vez, al packaging de esta edición limitada. Tonos aguamarina, coral y azul, formas geométricas y orgánicas y líneas onduladas que evocan el movimiento del Mediterráneo construyen una identidad reconocible, creada específicamente para la colaboración con Chocolates Marcos Tonda.
El resultado es una pieza que no busca únicamente envolver el producto, sino prolongar el universo creativo de Barceló Benidorm Beach. Una suerte de extensión del propio hotel que convierte su identidad en algo comestible y demuestra cómo el diseño puede encontrar nuevas formas de expresión.

Diseño por fuera, tradición chocolatera por dentro
Tras el diseño creado en exclusiva para Barceló Benidorm Beach se encuentra una tableta de chocolate artesano extrafino Puro Virgen con un 55 % de cacao, elaborada a partir de pasta y manteca de cacao. Una composición que busca el equilibrio entre la intensidad del cacao y una textura suave y sedosa, manteniendo el saber hacer de una tradición chocolatera que, según Chocolates Marcos Tonda, se remonta a 1793.
Cada tableta, de 200 gramos, une así dos dimensiones de la colaboración: una identidad gráfica contemporánea inspirada en el universo mediterráneo del hotel y un chocolate elaborado siguiendo la tradición de los maestros chocolateros de la firma alicantina.

Una historia que comienza en el territorio
La elección de Chocolates Marcos Tonda suma a la propuesta otro elemento esencial: el origen. La firma forma parte de la tradición chocolatera alicantina y aporta a la colaboración el conocimiento de un oficio profundamente ligado a la historia gastronómica de la provincia.
El encuentro entre ambas marcas conecta así dos maneras de interpretar un mismo territorio: por un lado, la mirada contemporánea de Barceló Benidorm Beach sobre el imaginario de Benidorm; por otro, la tradición y el saber hacer chocolatero de Marcos Tonda.
Una unión entre pasado y presente que convierte esta edición especial en algo más que un detalle gastronómico. Diseño, artesanía y origen confluyen en una colección concebida exclusivamente para Barceló Benidorm Beach y estrechamente vinculada al lugar del que nace.
Un recuerdo de Benidorm que también se saborea
Con esta colaboración, Barceló Benidorm Beach continúa explorando nuevas maneras de incorporar el destino a la experiencia del hotel, poniendo en valor el talento y las firmas locales desde una perspectiva contemporánea.
La colección de chocolatinas de Chocolates Marcos Tonda lleva la identidad de Barceló Benidorm Beach a un pequeño objeto para recordar la estancia de una forma diferente, descubrir la tradición gastronómica alicantina y, sobre todo, llevarse un pedacito de Barceló Benidorm Beach. Porque Benidorm no solo se mira, también se saborea.
