Mi nombre es Enara Rodriguez, recién licenciada en Diseño de Moda por la Universidad Politécnica de Madrid, CSDMM y galardonada con el segundo premio en el desfile de fin de curso celebrado en Ifema. Además, conseguí una beca para estudiar un short course en la Universidad Central Saint Martins de Londres. Me presenté al concurso de Momad Talent y gané el segundo premio y es precisamente lo que me ha llevado a escribir este texto, impulsada por Timoteo Cano y Maria de la Peña.

Me enorgullece presentar la primera colección de la marca Enara Rodriguez llamada HAFU, que se utiliza para referirse a alguien que es étnicamente mitad Japonés.
La idea de realizar este proyecto de colección surge de una iniciativa entre Euskadi y Japón. Dicha iniciativa multisectorial tiene como objetivo dar visibilidad e intensificar las relaciones entre ambos lugares, buscando fortalecer las relaciones y generar nuevos proyectos y colaboraciones.
Tras leer el acuerdo detenidamente, he detectado una carencia sustancial en cuanto a la moda, un hecho que no deberíamos pasar por alto, ya que en ambos lugares contamos con grandes diseñadores de renombre mundial como Cristobal Balenciaga, Paco Rabanne, Issey Miyake, Yohji Yamamoto o Rei Kawakubo, entre otros.
Además de otros muchos creadores destacados en diversas ramas artísticas, debemos mencionar las técnicas artesanales y materiales que poseen ambos territorios, y su amplia y larga tradición que merece ser destacada y trabajada.
Aunque la tradición estará presente, he querido centrarme en la innovación e investigación de volúmenes y formas. Para ello, me he inspirado en Cristobal Balenciaga, el uso del color negro y su gran sensibilidad por la moda oriental.

La idea para esta colección ha sido hacer un acercamiento de la moda japonesa y la vasca.
A pesar de centrarme más en la innovación e investigación de formas, volúmenes y tejidos, no me he querido olvidar de la tradición de ambos lugares.
Por un lado, la tradición japonesa, de la que he seleccionado el vestido tradicional por excelencia, el Kimono, el uso de calcetines tabi por encima del calzado o el bordado shashiko. Por otro lado, de la tradición vasca he seleccionado las Abarkak (calzado tradicional vasco) que se utilizan con el traje regional y los calcetines de punto grueso.
Además de inspirarme en el trabajo de dos grandes diseñadores: Cristobal Balenciaga e Issey Miyake. Nutriéndome de sus siluetas, formas, dimensiones, tejidos y detalles de las prendas. El resultado es una colección para eventos especiales tanto de día como de noche con grandes volúmenes y con texturas rígidas y orgánicas en la que el color negro es un eje central.
Respecto al análisis formal, podemos analizar las prendas teniendo en cuenta el color, las formas, las siluetas, los volúmenes, los tejidos y el contexto, ya que es inevitable la interiorización del mismo para entender la colección.
La gama cromática está compuesta de negro, rojo, verde y crudo o dorado. Colores extraídos de la simbología de ambos países. Suavizando los colores más contundentes como el negro o el rojo con otros más complementarios como el dorado o el beige.
En cuanto a las formas, en el aspecto técnico, he querido jugar con el peso de los tejidos, creando looks fluidos y estructuras que parecen estar flotando, frente a las más rígidas y contundentes, que son más arquitectónicas con prendas que no estén muy ceñidas al cuerpo y así jugar con el movimiento de las modelos.
Siguiendo con los tejidos, he utilizado el tafetán debido a que pesa muy poco y da juego para hacer grandes volúmenes. A su vez, tejidos como el crep con más caída y peso para que el movimiento sea diferente y algún tejido elástico con mucha caída y fluidez. Algunas prendas he tenido que reforzarlas mediante entretelas duras para darle rigidez o ballenas para conseguir un resultado más arquitectónico.
En cuanto a las texturas, la mayoría de ellas son lisas, para hacer referencia a la simplicidad refinada de Balenciaga. En vez de utilizar estampados he añadido algunos diseños originales a mano y también pespuntes decorativos. Además una flor tridimensional pintada a mano en unos de los tops.
Por último, he querido completar los looks gracias a los accesorios. Empezando por el calzado, utilizando unas bailarinas tabi y convirtiéndolas en Abarkas (típicas del traje regional vasco) y fusionándolo con unos calcetines bordados con la técnica shashiko y un bolso estilo saco icónico de la cultura japonesa.
En conclusión, la colección representa ambas culturas, el más mínimo detalle está pensado para rendir homenaje tanto a Japón como a Euskadi. Si tuviese que resumir la colección diría que es ecléctica y elegante; y haciendo referencia a las formas diría que es fluida, arquitectónica, con movimiento y delicada.
